TRANSAHARA. RAID & AFRICA

CARAVANA AL TERRITORIO LOBI: BURKINA FASO.   ( enero' 90 )

A principios de 1990 reunimos una caravana para llegar hasta el territorio de los lobi, en las colinas de Poni. Estaban en un rincón apartado justo en la frontera entre Costa de Marfil, Burkina Faso y Ghana, y eran una etnia muy antigua. A pesar de ser agricultores siempre iban armados con su arco y sus flechas; una vez le gasté una broma a un lobi riéndome de lo pequeña que era "su herramienta", ¡pero me contestó señalando que lo importante no era el tamaño sino la calidad del veneno que llevaban!.

En aquellos tiempos por allí no iba nadie porque recorrer los 200 kilómetros de bosques bajos, riachuelos y charcas que separaban esos parajes de la carretera asfaltada mas cercana llevaba 6 horas de esfuerzo y destrozaba los coches. Aquellas colinas eran también de difícil acceso para los funcionarios del Gobierno pero por razones diferentes: Generalmente estos eran de etnia mossi y, desde siempre, los lobi y los mossi se llevaban mal porque los primeros tenían la fastidiosa costumbre de subir al norte, a la meseta mossi, para robar bueyes cada vez que había una boda; ¡"el buen novio" lobi debía entregar la dote en bueyes, pero se daba la curiosa circunstancia de que pastorear bueyes les era la actividad mas denigrante que ellos podían imaginar!. Cuando un lobi te quería insultar te decía; "Vete a cuidar bueyes".

Años después, en el 92, una ONG canadiense construiría una pista moderna bastante buena y ese territorio se metería de golpe en la modernidad. Pero esos años "de las luces" todavía no habían llegado cuando nosotros ya hacíamos circular nuestras caravanas transaharianas por aquellos recónditos rincones de África. El día que salimos de Bobo Dioulasso para llegar a Gaoua, pasando por Diebougou, pasamos diez horas rodando bajo la lluvia por aquellas pistas malísimas. Finalmente dimos por terminada la jornada llegando a Gaoua al atardecer, y descansando en el pequeño hotel "Hala", seis habitaciones bien ventiladas.

Seguía lloviendo. Nos estábamos descansando en la terraza con Hagmed, el hijo del propietario que normalmente nos hacia las labores de guia local, cuando vimos pasar tres Toyotas Hilux matricula de Níger. Seguía lloviendo y Hagmed me dijo que los pobres se iban a encontrar con muchos problemas en la pista tal y como se presentaba la noche. Recuerdo que yo le respondí comentando la fama de buenos conductores que tenían los chóferes de Níger, acostumbrados a un mínimo de asfalto y a las pistas infinitas en su enorme país. Terminó por hacerse de noche y pasamos a cenar al restaurante.

Cuando estábamos entre el postre y el café siendo ya noche cerrada vimos entrar en el parking tres personas andando bajo la lluvia. Subieron los cinco escalones que había en la terraza y pasaron a la Recepción. Estaban calados y rebozados en barro. Cuando entraron en el comedor y saludaron descubrimos sorprendidos que eran los nigerinos que habían pasado hace dos horas rodando bajo la lluvia. Nos contaron que se habían encontrado una zona de la pista barrida por el agua allí cerca, a la salida de Gaoua, y habían enganchado los tres vehículos en el barro.

Cogimos nuestros dos coches, unas lámparas, palas, cuerdas y maderas, y nos fuimos para allá. Estaban a unos pocos kilómetros de Gaoua en la pista que salía hacia el norte. Nuestros faros buscaron entre la lluvia y la oscuridad hasta terminar por encontrarlos en una vaguada, metidos en el barro hasta las puertas. Uno estaba embarrancado en la cuneta de la pista, otro se veía de mala manera a la derecha y el tercero se adivinaba perdido en el campo, por la izquierda. Parecían bestias heridas atrapadas por el monstruoso chaparrón que estaba cayendo.

La cosa tenia mala pinta. Hagmed les propuso que dejaran los coches allí y se volvieran al hotel a descansar. Mandaríamos a un guardia para que vigilara los coches durante la noche.

- "Mañana vendremos con mas gente y los sacaremos ayudados por la luz del día".
- "Para nosotros esto no es un gran problema. Vamos a sacarlos para seguir ruta hasta Diebougou, a ochenta kilometros, Allí tenemos amigos", dijo uno de ellos literalmente.

¡Que remedio!; nos arremangamos y nos pusimos manos a la obra metiéndonos en el barro. Les estuvimos intentando sacar durante varias horas. La oscuridad endurecía la tarea pero los muy cabezones insistían. ¡Y, además, seguían tirando hacia delante queriendo pasar la vaguada!. Lo único que conseguimos pasar allí fue la media noche así que les dijimos que nosotros nos volvíamos a dormir. Mañana "seria otro día". Finalmente no tuvieron mas remedio que aceptar la situación e ir con nosotros a dormir al hotel "Hala".

Al día siguiente volvimos con unos chicos del pueblo y mas material. Seguía lloviendo. A la luz del día la situación era mas clara; ¡por allí no se podía pasar!. Estuvimos hasta medio día sacando los coches pero esta vez hacia atrás, que era mas fácil. Cuando finalmente lo logramos nos volvimos todos al hotel a comer. Pasamos la tarde mirando al cielo, que se empeñaba en seguir mojándonos.

El amanecer del segundo día apareció encapotado pero sin lluvia. Los espíritus de la lluvia nos daban un respiro. Había que aprovecharlo. Todos volvimos otra vez a aquella vaguada maldita: ¡También nosotros teníamos que salir de Gaoua por allí!. Me refiero a nosotros los Blancos, porque los lobi no tenían coches…¡y sin embargo se presentaron mas de un centenar de ellos para ayudarnos!. Nadie les llamó. Sencillamente nos vieron y se fueron acercando para ayudarnos. Yo les veía bajar de las colinas portando sus azadas sobre el hombro. Según bajaban me iba animando.

Estuvimos trabajando todo el día. Terminamos por hacer un autentico pantano para el agua y un dique con maderas que nos permitiera pasar los coches. Una multitud de lobis nos ayudaban. Era de lo mas pintoresco verles moverse trabajando en el barro al ritmo de tambores y xilófonos tradicionales. Mi amigo Denís se erigió rápidamente en jefe de toda la tropa. Él chapurreaba algo de su lengua y hasta conocía su música y sus danzas. Entre risas, bromas y voces se manejó a todo aquel batallón como un autentico general.

Al final, cuando pasamos y estábamos todos aplaudiendo, Blancos y Negros juntos, apareció un chico con una vaca que Denís había mandado a comprar. Se subió al capot del Nissan y, a grandes voces, le dijo a la gente que él se la regalaba para que hicieran una fiesta esa tarde en Gaoua. Y además les dio bien ostensiblemente un montón de billetes de 500 francos CFA., menos de 1 euro cada uno, para que se pagaran su "bangui", vino de palmera, y el "chapalo", vino de mijo. Finalmente nos pusimos en marcha todos contentos de regreso a Bobo Dioulasso. Les dejamos allí con su fiesta; ¡aquello fue la releche!.

FIN


EN LA "RECEPCIÓN - BAR" DEL HOTEL "HALA", GAOUA, BURKINA FASO.


EN BURKINA FASO, LAS "EPOCAS DE LLUVIAS" DIFICULTAN MUCHO EL CIRCULAR.


¡ A VECES, RODANDO POR AFRICA NEGRA Y EN "EPOCA DE LLUVIAS", HAY QUE HACER
AUTENTICAS OBRAS DE INGENIERIA PARA PODER CIRCULAR !.

 
 

 

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