TRANSAHARA. RAID & AFRICA

"HORAS EXTRA" EN MANANTALIS, MALÍ.   ( enero' 85 )

Durante las decadas de los ochenta yo me ganaba la vida trabajando de guia turistico y agente comercial para Karim Doumbia, Director de la Agencia de Viajes ”MANDINGUE VOYAGES” de Bamako, paseando a turistas por todo Africa del Oeste. Las caravanas transaharianas eran mucho mas raras que ahora, y solo se reunian de vez en cuando con ocasión de algun viaje a Europa por razones de trabajo o personales; “subir” para asistir a alguna feria turistica tipo “FITUR”, “BIT” o el “WORLD TRAVEL MAKET”, las vacaciones de Navidad, etcetera. "Subir" y "bajar" en coche en vez de utilizar el avión era mas barato y tenia sus ventajas, traia artesania y me llevaba material para mi casa de Bamako.

Estando en Bamako Karim me presentó a Peter Klain, el vecino Blanco, austriaco, que vivía muy cerca de nuestra casa y que llevaba mucho tiempo trabajando en Africa. Era "un poco" fantasma; años después seria nombrado dignísimo Cónsul de la República de Austria en Malí pero en el 82 se dedicaba todavía al mucho mas modesto y arduo trabajo de la madera. Después de algunos encuentros, unas invitaciones mutuas, unas partidas de cartas o al golf en el jardín del hotel "L'Amitie" o algunas fiestas en el "Cotton Club" Peter me propuso acompañarme en mi proxima caravana transahariana con motivo de la FITUR ' 85: Queria venir a España a buscar clientes y pensaba que yo podia servirle de “guia comercial” e introducirle en mi pais haciendole de traductor. Tenia mucha madera que vender porque había conseguido ganar una subasta para la explotación de toda la del valle del río Bafing, donde se estaba construyendo un pantano. Como Peter no tenia que repoblar, ni preocuparse de un medio ambiente que se iba a inundar, su madera tenia un precio estupendo. En enero del 85 nos vinimos a España cruzando el desierto en un viejo Mercedes para asistir a la Feria Internacional del Turismo de Madrid, FITUR. De paso le ayudé a conseguír dos clientes en Zaragoza, así que un mes despues nos volvimos a Bamako mas contentos que unas castañuelas con nuestras "Cartas de Crédito" en la cartera y un par de Nissan Patrol nuevos cargados de mercancias; magnetoscopios, electrodomesticos, ordenadores, etcetera.

La madera se vendía puesta en el puerto de Dakar, y nosotros teniamos que llevarla hasta allí en tren desde Manantalis, el valle del río Bafing donde se estaba construyendo el pantano, de donde la sacabamos. Yo tenia que preocuparme de echar una mano y me ganaba una comisión suplementaria también con eso. Pero todavía no conocía Manantalis y un domingo de marzo nos fuimos para allá con el helicóptero de los agregados militares alemanes, muy amigos de Peter; ¡usaban el ruidoso aparato en plan utilitario y los domingos se iban con él a hacer pique-nique al campo!. Peter tenia en Manantalis una casa muy grande con una oficina, un garaje con maquinaria y un terreno lleno de troncos.

Después del siguiente verano, o "epoca de lluvias", el trabajo estaba a pleno rendimiento y Peter me dejó un todo-terreno Toyota "Hilux" para trabajar con él, para moverme a mis anchas. ¡Y ya os podéis imaginar qué hacia un joven de 21 años "tranquilo" como era yo con un todo-terreno nervioso como era aquel a mi disposición en medio de Africa!; ¡por un "quítame allá esas pajas" saltaba al volante y enfilaba la pista de 300 kilómetros que llegaba hasta Manantalis!. Normalmente cualquier conductor tardaba seis horas de coche todo-terreno para hacer aquel trayecto... ¡pero yo, que siempre iba "a tope", intentaba llegar en cinco horas y cincuenta minutos!. Recuerdo tambien que la pista era preciosa, muy poco transitada, de laterita roja con piedras y tierra dura discurriendo entre bosques bajos, matorrales, muchas zanjas y pequeños cauces secos de arroyos o vaguadas. Como pasaba al sur del Parque Nacional "Baoule", a veces veía manadas de antílopes o se cruzaban delante mío jirafas o elefantes que venían de allí. Eran unas regiones eminentemente horizontales pero con constantes colinas viejas, bajas y gastadas. Muy bonito, lo juro.

En aquellos años, a principios de los 80, por allí circulaban muy pocos vehículos, tal vez dos o tres al dia nada mas. En cada viaje no me encontraba con mas de dos o tres viejos Peugeot 404 de los denominados localmente "taxi-brousse", taxi de campo, que siempre llevaban sus dieciséis plazas oficiales largamente abarrotadas. Cuando mi Toyota blanco pasaba a toda velocidad trazando una línea de polvo rojo que tardaba largos minutos en disiparse sobresaltaba la imponente naturaleza africana. Esta volvía a su tranquilidad habitual después. No sabría decir si estaba dormida o despierta, si era nueva o vieja. Solo puedo asegurar que era impresionante, infinita. Recorrer tantísimos kilómetros de campos vírgenes producía una sensación de libertad inhabitual para cualquier europeo novato en aquellas lides.

Como en Manantalis teníamos unos mecánicos que se ocupaban de la maquinaria, cuando yo llegaba se ponían manos a la obra con mi coche y rehacían completamente los destrozos de tanto bache. Yo aprovechaba e iba introduciendo pequeñas preparaciones en el cacharro que llegaron a convertirlo en un autentico bólido de carreras; doble suspensión dura, chasis reforzado, tomas de aire e intercooler, asientos baquet, barras antivuelco, ruedas, etcétera.

Lo de las maderas fue un fracaso por culpa de los vagones del ferrocarril que debía hacer el transporte desde Manantalis a Dakar; ¡nunca conseguimos que vinieran convenientemente!. Ese fue el quebradero de cabeza mas importante. Los ferroviarios eran insaciables, nos chantajeaban pidiéndonos dinero y se querían comer nuestros beneficios. Cuando la presa se termino y el valle estaba a punto de inundarse todavía no habíamos conseguido sacar de allí todo lo que habíamos cortado. ¡Finalmente decidimos ir a verles en la Estación, reírnos en sus propias narices llamándoles de todo, fuimos al garaje, cogimos unos buldózer, arrancamos todo lo que de vegetal habia por allí, lo amontonamos, lo quemamos, hicimos carbón y lo metimos en unos sacos de 50 kg que fuimos poniendo a la venta en los mercados locales de todo Malí. ¿Hay que aclarar que los africanos no tenían ni gas ni electricidad en casa en aquelos años?; todo el mundo cocinaba con fuego de leña.

La madera termino así pero yo no me "quemé" en absoluto. ¡Me lo pasé fenomenalmente bien con todo aquello!. Además aparecieron por Bamako Jean Carlo y Carlo Ferrero, dos italianos que ese año abrieron una nueva Agencia de Viajes llamada "TOGU-NA VOYAGES". Venían a hacernos la competencia pero, francamente, nos daba igual porque en aquel maravilloso e inmenso país que era Malí habia trabajo para todos. Lo que mas me importó fue darme cuenta de que a ellos también les gustaban los coches, las motos, las carreras y esas cosas. Como el río Bafing era un destino de fin de semana para los Blancos de Bamako, cuando ellos venían a bañarse a Manantalis les invitábamos a comer en casa. Llegaban los viernes y pasábamos el fin de semana "descansando" hasta el domingo. Para regresar a Bamako el domingo por la tarde echábamos unas carreras magnificas en las que tambien participaba un libanés llamado Azar con un Nissan Patrol gasolina y un sirio, Daniel, gerente del restaurante "Le Jockey", que tenia un carro americano impresionante. Recuerdo a tres o cuatro Blancos eventuales mas. ¡Menudas carreras!. Cuando venia un francés llamado Roger, que trabajaba en Koutiala, 400 kilometros mas al sur de Bamako, siempre nos ganaba porque "tenia prisa" y conducia un autentico bólido comprado a algún piloto retirado del rally "Paris-Dakar"; chasis corto de Nissan Patrol, motor V8 de Range Rover con los árboles de levas sobrecruzados, caja de cambios americana de relación corta, capot y puertas de fibra de vidrio... ¡Menudo avión!.

FIN

Antonio, a la derecha, trabajando de guia en Mali, en 1985
EN AFRICA NEGRA ES MUY HABITUAL QUE LOS CHICOS JOVENES DE LOS POBLADOS "DEN VIDA A LOS ESPIRITUS"
DE VEZ EN CUANDO, EN FIESTAS TRADICIONALES O, SIMPLEMENTE, SI LOS TURISTAS SE LO PIDEN.

 

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