TRANSAHARA. RAID & AFRICA

CARAVANA "SORPRESA" AL DESIERTO DEL TENERÉ   ( octubre' 86 )

En octubre del 86 mi amigo Manolo el segoviano me contó que tenia intención de realizar un viaje transahariano con cuatro señoras, unas autenticas "marujas", que querian hacer una larga ruta desde España hasta el Golfo de Guinea. Como siempre, iba en su Nissan Patrol de serie; ¡me hacía gracia, con tantos kilómetros de arenales saharianos entre sus ejes, y seguía llevando todo nuevo e igual al original, incluidas aquellas pequeñas ruedas 205/70x16…!. Como Manolo tenia poco tiempo el plan era que él "bajase" solo hasta Agadez, Rep. de Niger, y yo las recogiese allí para seguir rumbo a Malí, Burkina Faso y Costa de Marfil. "Subí" desde Burkina Faso a recogerlas con un Range Rover que me acababa de comprar para auto-celebrarme mi propia boda recientemente “perpetrada”: Era un “Efi V8 Vogue”, una maravilla: ¡Es verdad que luego se degradó rápidamente, aquella maquina no aguantaba el maltrato de las pistas, pero fue magnifico mientras estuvo nuevo!.

Me reuní con Manolo y las "marujas" en el control de entrada a Agadez exactamente el día fijado y a la hora acordada, ¡Manolo nunca fallaba!, y nos instalamos en un pequeño hotel que había junto a la Gran Mezquita gerenciado por un italiano. Subieron a las habitaciones para arreglarse la permanente, nos fuimos a cenar y, mientras estábamos dándole unos viajes a unas litronas "Braniger" de aperitivo, las mujeres empezaron a quejarse de mi amigo;

- "Iba muy deprisa. No hemos visitado nada. Hemos pasado por las dunas sin disfrutarlas...", soltaron como si yá lo llevasen escrito en sus “hojas de reclamación” particulares...

- "¿Cuántas veces habéis venido vosotras por el Sahara?. ¡Por las dunas no puede uno dedicarse a pasear!. El desierto hay que atravesarlo con una cierta rapidez, sin eternizarse…", respondió Manolo.

Manolo tenía razón: Los dos sabíamos que no debíamos inquietarlas explicando que, a veces, en la frontera pululaban bandidos “con poco don de gentes”, por lo que teníamos costumbre de andar "un poco ligeros” en aquellas regiones. Lo que no tenía Manolo era esa "mano izquierda" de guía turístico profesional, cosa que él no era.
- "El cliente siempre tiene razón", me dije yo, que sí vivía de eso.
No podía arriesgarme a que esas quejas llegaran a los oídos de otros posibles clientes posteriores. Sobre la marcha me inventé una excusa; dije que Manolo “había hecho lo que yo le había pedido”, y que eso se había hecho así ¡porque ahora quería darlas una sorpresa!:

- “¡Mañana iremos a visitar el desierto del Teneré!”. Al mismo tiempo que se acababa la discusión, Manolo me miraba sorprendido:

- “¿Al Teneré? ¡Eso no estaba en el plan!”, me decían sus ojos interrogándome fijamente.

– “Vistas las quejas, hay que dar un poco más de desierto”, le respondí. Si ahora nos íbamos hacia el Sahel, luego yo me jugaba las quejas que estaba imaginando ya escritas en sus “libros de reclamaciones” particulares… Dicho lo dicho, Manolo no podía volverse a España al dia siguiente: ¡Mañana, todos al Teneré!

El amanecer pilló a nuestras "marujas" quitándose los rulos y a nosotros buscando dos barricas de 200 litros por las gasolineras, tablones por las obras, sogas de remolque, agua mineral y otras cosillas en las abacerias de la calle del mercado. Como se hizo tarde, nos saltamos el preceptivo paso por la Gendarmería y enfilamos directamente hacia el este, rumbo al Teneré. Circulamos rápidamente varias horas por un inmenso "rag" y, a medio día, caímos sobre las dunas del “erg” del Teneré. Allí el cielo no era azul, el horizonte no era gris y las dunas no eran amarillas porque la luz de un sol inmenso, abrasador, reberberaba deformando los colores y las formas, lo quemaba y lo confundía todo. Las turistas se habían empollado algunas guías, y la perspectiva inesperada de visitar aquella región las tenía como locas. Yo creo que algo alucinadas con semejantes “extravagancias"...

El "árbol del Teneré" fue un visto y no visto, yo no le veía la gracia a "la cosa", y el atardecer nos pilló a la altura de las colinas de Fachi. Finalmente, la puesta de sol nos permitió definir un poco más las formas y los colores. El crepúsculo lo disfrutamos sobre unas maravillosas dunas navegando libremente por el "erg" de Bilma. ¡Eso era lo que ellas querían!; habíamos perdido las últimas rodadas y circulábamos “a nuestra bola” rumbo nor-oeste duna arriba y duna abajo.

Finalmente nos detuvimos a acampar. Estábamos perdidos en el mas puro Sahara, cien por cien, ¡y juro que las "marujas" estaban como borrachas!. Lo miraban todo anonadadas, fijándose en la luna, en las estrellas, en las dunas de diferentes grises, en sus suaves y limpios perfiles, entre la nada y su propia imaginación... Tuvimos una noche perfecta, con luna y sin viento, con ese silencio absoluto de allí que tanto impresionaba. Cenamos unas latas y, realmente, pasándolo bien dormimos perfectamente.

El amanecer fue otro momento maravilloso. Estábamos alucinando con él cuando se hizo de día repentinamente, de golpe. Aquellos amaneceres no tenían transición, eran inmediatos, incluso violentos. Me acerqué a Manolo y le dije que aquello “ya estaba hecho”, que ya no hacía falta insistir para llegar a Bilma, y que ibamos a volver por el norte, por donde había menos arena. Manolo no estaba de acuerdo, ¡tan cerca de Bilma...!, pero le convencí haciendo un cálculo de lo que nos costaba el carburante, la gendarmería, las propinas... Regresamos a Agadez en una segunda bonita jornada sahariana. ¡Aquella excursión fue magnifica!.

FIN

palacete de la Gendarmeria en Tessalit, frontera entre Argelia y Mali
PUESTO DE LA GENDARMERIA MALÍ EN TESSALIT, PUEBLO FRONTERIZO ENTRE EL SUR DE ARGELIA
Y EL NORTE DE MALÍ "BAJANDO" POR LA PISTA QUE ATRAVIESA EL DESIERTO DEL TANESROUF.

 

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