TRANSAHARA. RAID & AFRICA

EN LAS PLAYAS DEL GOLFO DE GUINEA.  COSTA DE MARFIL.  JUNIO DE 1992

Recordando las caravanas transaharianas que montábamos para llegar al golfo de Guinea, a Togo, Benin, Ghana o a Costa de Marfil…, uno de los mejores destinos era Costa de Marfil, y su capital economica, Abidján. Por varias razones; sus playas, la mas importante. Las playas de Grand Bassam próximas a la ciudad, que estaba metida al interior una docena de kilómetros prefiriendo las mas dulces riveras de la laguna Ebrié, eran las que mejor preparadas estaban para recibir a los turistas Blancos sedientos de relax, mariscos y sombra de cocoteros que éramos nosotros. Allí era facil encontrar un hotel estupendo y barato a nuestro gusto, y el numero importante de habiataciones permitia legar en cualquier epoca del año y disponer de ellascon facilidad, sin necesidad de reservas. Las del oeste de Costa de Marfil tampoco estaban mal y nos llamaban con nombres tan sugerentes como Bahía de Sirenas, Langosta de Oro, Sassandra… Recordando aquellas por allí lejos la que mas nos gustaba era Dawa, un solitario y paradisíaco paraje a una treintena de kilómetros metiéndose por una perdida pista entre cocoteros al oeste de Bahía de Sirenas... Pero estas de aquí, proximas a la capital, estaban mas cerca del aeropuerto de regreso a Europa, el de Abidjan / Port Bouhét.

Cuando llegábamos a Abidján parábamos a reconfirmar billetes de avión, o limpiar o arreglar los coches para el camino de regreso, y luego seguíamos todo derecho hasta la playa de Grand Bassam o la de Assinie, a pocos kilómetros. Eran cojonudas no solo por el agua templada sino también por las palmeras, las lagunas y los mariscos. Lo de “las lagunas” era porque en Costa de Marfil, a lo largo de toda la costa, el mar estaba separado de tierra firme por una "barrera" de arena con palmeras y unas coquetas lagunas adornadas con manglares. Todo muy frondoso, húmedo, verde y gigante, precioso. La "barrera" estaba deshabitada porque cuando llegaban los monzones allí las tormentas eran para morirse, literalmente. La tierra firme se comunicaba con la "barrera" por unos pocos puentes naturales de arena que cortaban las lagunas. Imaginarlo.

Entonces allí "llegábamos los Blancos", y recuerdo que rompíamos la habitual paz y tranquilidad de tan encantadores parajes. ¡Era como en aquella famosa escena de "Apocalipsis Now", llegando el 7º de Cavalleria en helicopteros!. Los que veniamos con Peugeot 505 o Mercedes aparcábamos en los pueblos y cruzábamos las lagunas en piragua hasta desembarcar en los arenales de la playa. Y los que llegábamos con vehículos 4x4 los utilizábamos para meternos en la playa y circular por ella buscando algún rincón solitario. Asaltábamos los "puentes" de arena blandita enfilándolos a toda velocidad y aterrizábamos sobre la playa. En ese momento debías espabilarte acelerando más todavía pero metiendo el freno enseguida para no irte al mar, dar un volantazo a la izquierda e intentar situarte en la zona de tierra dura entre la arena amarilla y las olas. ¡Algunos amerizábamos!. Era "el momento crítico" de la excursión. Si la arena de la playa o el agua del mar te pillaba, allí tenias para un buen susto o para, por lo menos, un ratito sacando arena... Si no te pillaba y lo hacías bien entonces podíamos enfilar hacia el este rodando por la playa durante ochenta kilómetros y hasta la frontera con Ghana, en Newtown. ¡Era un trayecto lleno de peligros!; te podía pillar una ola más fuerte que la otra, podías tragarte la cuerda de una red o el ancla de una "pinaza", podías saltar un metro sobre la concha de una tortuga, toparte con otras turistas suecas en topless tomando el sol... ¡mil cosas!. El truco para no "engancharte" era pisarle un poco al pedal, en segunda o tercera velocidad, rodando "un poco ligerito".

¿Y porqué había que rodar por allí?. Pues para “perderse” y llegar a alguna zona en la que solo estuvieras tu. Eso te permitía una cierta sensación de exotismo. Siempre queríamos más. Habíamos cruzado todo el desierto del Sahara, las sabanas del Sahel y la selva frondosa de África Negra del Oeste... ¡pero queríamos ir mas allá!: Si nos hubieran puesto un dique nos habríamos plantado en el extremo... ¡y alguno se habría caído al mar!. Es la naturaleza humana.

FIN

nenufares en la laguna Ebrie de Abidjan

 

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