TRANSAHARA. RAID & AFRICA

NUESTRA PRIMERA CARAVANA TRANSAHARIANA, ARGELIA.   ( febrero' 84 )

En febrero de 1984 reunimos nuestra primera caravana transahariana para cruzar el desierto desde España hasta África Negra. Aquella primera vez nos conocimos mediante un anuncio en la sección "VIAJES" de un periódico de Madrid: Todavia no existia Internet...;

"Busco compañeros para hacer un viaje transahariano de cuatro semanas en coche a través de Argelia y Malí compartiendo gastos".

Llamaron Manolo Gonzalez, el segoviano, y otros con quienes me reuní para tomar unas cervezas mientras planeábamos nuestro asalto al Sahara, el ataque a la aventura de nuestra vida. Allí eramos todos novatos y esta, nuestra primera travesia sahariana. Yo llevaba dos años viajando por Mali, Burkina Faso, en aquellos tiempos llamado Alto Volta, y por Costa de Marfil, pero siempre habia ido y venido en avion desde España. Sobrevolado el Sahara y mirando por la ventanilla los inmensos mares de arena muchas veces me habia prometido que un día bajaría por allí en coche...

Mas o menos, todos habiamos oido o leido algo de aquello; ¡se podia comprar un Peugeot 504 barato en Europa y venderlo a algún Negro ricachón de Africa!. Habiamos entendido que se podia recuperar la inversión e, incluso, sacarle unas pesetas para pagarse los gastos. Precisamente habia que hacer eso en un Peugeot 504, preferiblemente familiar aunque no obligatoriamente, o en un Mercedes 200 de chasis tipo 123, siempre de gasolina, porque eran los vehiculos que mas se valoraban en África en esos años. Precisamente eran esos a los que "se les sacaba pasta"...

Como en España y en esos años estos también eran coches de lujo bastante caros, nos organizamos y nos fuimos a Alemania durante la Semana Santa para encontrar los vehiculos. Manolo se compró un Mercedes 280 de gasolina amarillo con oxido hasta en la documentación, y yo encontré un Peugeot 504 de color azul con caja de cambios automática que me costo 160.000 pesetas, 960 euros; "muy caro pero como nuevo" recuerdo que nos deciamos... De regreso a Madrid pasamos la frontera a escondidas, como si estuviéramos traficando con algo, porque "estaba prohibido traer coches de Alemania".

Y luego nos fuimos a África. ¡Fue la releche!. Primero carreteras vecinales, luego pistas de arena, tierra y piedras que nunca se acababan estirándose y perdiéndose por un sur habitado por gentes cada vez mas Negras, mas diferentes e interesantes. Días al aire libre y noches bajo las estrellas. Es inenarrable el cumulo de nuevas sensaciones a cual mas excitante que los que fuimos, todos muy jóvenes, veinteañeros, descubrimos por allí y de aquella manera. Recordandolo ahora mismo yo os lo recomendaria a todos, sin dudarlo.

En aquella mi primera Ruta Transahariana fuimos desde Málaga a Melilla en ferry, atravesamos Marruecos hacia el sur y entramos en Argelia por la frontera de Figuig. Recuerdo de aquel trayecto el detalle de un viejo campesino seco y gris con chilaba blanca que recogimos cuando nos hacia "dedo" en una cuneta. Al detenernos estrechó nuestras manos por la ventanilla y me pareció que estaba estrechando una mano de madera. Solo hablaba árabe así que nos entendimos abriéndole la puerta, sencillamente.

Recuerdo también otro detalle; al llegar a Bechar metimos los coches en un garaje elegido al azar para "ajustar los taques". La verdad; no sé porqué. Me parece que estábamos tan asustados con el viaje que queríamos que un mecánico profesional nos reasegurase que nuestro coche iba bien. ¡Pues la liamos mas todavía!; ¡al salir del garaje, a uno de los vehiculos le sonaba un ruido en el motor que no tenia al entrar, y que creímos era "una biela" aunque solo fuera un balancín mal ajustado...!. Los pelos se nos pusieron de punta y nos fuimos todos calladitos rumbo sur mas acongojados todavía de lo estabamos cuando llegamos allí.

Un ultimo detalle: Circulando por Argelia siempre rumbo sur llegamos a Reggane... ¡y se nos acabó la carretera!. Allí se acababa nuestro universo de asfalto con señales de trafico, gente, tiendas, etcetera. Allí se acababa nuestro mundo. Punto. Y se habría un abismo desconocido. Si queríamos ir mas allá teníamos que meternos en el Sahara y lanzarnos a dar un salto sobre los dos mil kilómetros de incógnito hasta Mopti, en la República de Malí, la otra orilla. A partir de allí había que atravesar el imponente desierto de los desiertos. Era algo mas que recorrer una pista desconocida; era profundizar en alguna zona inesperada de nuestra mente.

Ahora me río recordándolo... ¡pero puedo asegurar que cuando aquello la sensación fue sobrecogedora!. Manolo y yo estábamos parados frente al cartel que había a la salida de Reggane, apoyados en el capot del Peugeot para no caernos, y leíamos en silencio;

"MOPTI, 1910 KMS."

Silencio total en el desierto del Sahara. Solamente el viento silvaba una nota aguda y prolongada, inquietante. Realmente teníamos miedo. Estábamos los dos solos. Impensable darse la vuelta pero...¿y si lo dejábamos y nos volvíamos?.

Empujados por el sol que empezaba a salir y dirigidos solamente por aquella pista rectilinea que apuntaba directamente hacia el sur arrancamos y nos metimos en el desierto; la verdad es que no habia mas remedio...

Kilómetro a kilómetro, minuto a minuto, fuimos avanzando inquietos pero sin problemas, perdiendo el miedo y relajándonos. Todavía no era media mañana y ya habíamos recorrido los primeros cien kilómetros. Silencio total a bordo.

Y luego hicimos la primera parada en medio de la infinita llanura del Tanesrouf. ¡Allí habia ingentes cantidades de soledad!: Se apagaron los ruidos de los motores, salimos de los coches y respiramos el silencio, oímos el viento, miramos el desierto... ¡Inolvidable!. Si se puede amar a un desierto, al Sahara, allí recibí yo mi flechazo particular.

FIN

 

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