TRANSAHARA. RAID & AFRICA

dia 5 de agosto, 2004.

El 5 de agosto, día de La Virgen de Las Nieves y sexta etapa de nuestro viaje, amaneció un sol resplandeciente; esa Virgen no es del Sahara. Empezamos a rodar temprano porque ya queríamos llegar a Nouakchott y acabar con tanto desierto. Pero una vez recorridos unos doscientos kilómetros de carretera recién construida a través del desierto vimos una pequeña plancha a la derecha anunciando "CAMPEMENT TOURISTIQUE ACHAMI" y decidimos desviarnos a verlo. Resultó ser dos bonitas jaimas típicas maures, una para la jefa, la señora o señorita Mi, y otra para nosotros equipada con sus alfombras, cojines y todo, incluida una bonita vista panorámica sobre el desierto de dunas de arena y praderas incipientemente verdes. Aunque era media mañana paramos a comer y a echar la siesta tumbados como jerifes.
Cuando nos despertamos era media tarde así que continuamos a toda leche hacia el sur aunque solo pudiéramos llegar a Nouakchott al anochecer. Como la carretera bordeaba el perímetro del Parque Nacional Arguim sin penetrar en él no vimos el mar por ningún lado; ¡adiós cabo Tafarit, Louik, Nouamghar, sus pescadores iraguem y sus Guardias Forestales "tan simpáticos" y tan "desinteresados"...!.Fuimos directamente al pequeño albergue (1*) "La Dune", céntrico, frente a las Oficinas de Air France. Cuando entramos a preguntar si había habitaciones la Negrita de la puerta nos dijo que estaban todas vacías porque esa noche tenían una fiesta y pensaban poner la música a todo volumen. Ya habían empezado, por otro lado, y se oían estruendosamente ritmos tropicales exóticos; pacheque, mayaba, rumba congolesa de Pepe Calé y Koffi Olomidé... Lejos de desalentarnos nos animó, elegimos dos habitaciones y nos pusimos a cenar. Otros prefirieron irse al htl.3*”Novotel”, y alguien se fue también al htl.4*”Halima” porque había oído hablar bien de aquel alojamiento. La noche fue muy animada.

llegando a Nouakchott desde Nouadhibou, Mauritania.

dia 6 de agosto, 2004.

Nos levantamos temprano con intención de hacer los visados de Malí cuanto antes, pero al llegar a la Embajada nos la encontramos cerrada. ¡Era dia festivo y no nos habiamos enterado...!. Que remedio, nos saltamos ese tramite y nos marchamos directamente a visitar el Mercado Central; ¡tampoco fué un gran disgusto!. También pasamos antes por la única Oficina oficial de Cambio que había abierta en Nouakchott, en el aeropuerto, y allí coincidimos con un solitario grupo de turistas, los únicos que vimos en ese país, diez españoles viajando con una Agencia de Viajes local.
A medio día decidimos que ya estaba bien de tantos fuertes olores, tanta mosca, aquellos vendedores e insistentes cambistas, y que nos queríamos marchar. Estaba clarísimo que había que escapar de aquellos calores de Nouakchott y dirigirnos mas al sur nos pareció lo mas apropiado teniendo en cuenta que en el Sahel, en Malí, ya había empezado la "época de lluvias" monzonicas y que todo estaría mas verde y fresco, así que salimos temprano rumbo sur por la "Carretera de la Esperanza", un delgado hilo de asfalto construido a principio de los 90 para meter en la modernidad las apartadas e inaccesibles regiones del sur-este, la frontera con la República de Malí. ¡Justo!; recorridos unos cien kilómetros por una bellísima carretera que subía y bajaba por las dunas nos calló una tromba de agua que refrescó el ambiente. Paramos protegiéndonos en el htl.2*”Complexe Touristique" de Boutelemit. Luego el agua ceso y pudimos ir a dar una vuelta por el pueblo, unos, y por las dunas que rodeaban el hotel, otros. La luna estaba muy menguada y tuvimos una magnifica noche estrellada. Cuando salió la luna, muy tarde, y se apagaron las brasas de la hoguera que hicimos en el patio del hotel nos fuimos a dormir.

htl. de Boutilimit, Mauritania.

dia 7 de agosto, 2004.

Fue "El día de Las Langostas", con mayúsculas, porque cruzando las planicies maures de El Abiod nos encontramos con la famosa plaga que todos los Telediarios anunciaron este verano. Era una nube compacta de insectos saltarines amontonados por todos lados, comiéndose la sabana recién crecida. Teresa gritó espantada en el coche de Jerónimo y este, muy didáctico, paró, salió e intento coger alguna dando manotazos en el aire para enseñarla que esos bichos no hacían nada. Gracias a Dios había cerrado la puerta y no le calló ninguna entre las manos, inconcebiblemente, así que volvimos a arrancar para tranquilidad de Teresa. Estuvimos viendo saltamontes gigantes toda la mañana estampándose contra nuestros parabrisas. A mí se me quedó uno con muy mala suerte despanzurrado contra la estrella del capot de mi Mercedes. Yo le veía haciendo esfuerzos por zafarse pero no podía por culpa del viento. Solo se soltó cuando llegamos a Kiffa y decidimos meternos en "El Camping" para comer a cubierto. Por la tarde calló otra tormenta, los bichos desaparecieron y seguimos ruta un poco mas tranquilos hasta Ayoum el Atrous. Las dunas no habían desaparecido por estas latitudes pero ahora se escondían bajo una leve capa de pelusilla verde y entre las rocas de arenisca marrón de La Assaba. Notamos que eran las primeras formaciones rocosas que veíamos desde que habíamos entrado en Mauritania, hasta aquí todo arena. Los pastores maures construían sus jaimas con piedras en vez de telas y pieles como en el norte, curiosamente, por lo que pensamos que debían ser mucho mas estables, menos nómadas. La verdad es que todo estaba mucho mas verde y la vida les debía resultar mucho mas fácil. Susana se preguntaba; "¿Por qué no se vienen todos aquí?; habría que ir a avisarles...". En fin, era una idea. ¡Ya estábamos al otro lado del desierto, acabando con la bestia!. Esa tarde llegamos a Ayoum el Atrouss, enfilamos hacia el sur una docena de kilómetros para alejarnos de la aglomeración circulando por la ruta de Nioro, que sorprendentemente nos encontramos recientemente asfaltada, y plantamos nuestro campamento en lo alto de una magnifica colina con vistas panorámicas sobre la sabana, el mejor emplazamiento de todos los que hemos disfrutado durante este viaje. La puesta de sol fue espectacular, la hoguera ardió iluminando las rocas y el cocido madrileño "Litoral" me supo a gloria.

con unas chicas maures en Kiffa, Mauritania.

paisaje del Sahel al amanecer, en la frontera entre Mauritania y Malí.

dia 8 de agosto, 2004.

El día amaneció sobre una sabana cubierta de leve escarcha. Sacamos fotos al encantador paraje y salimos decididos a llegar cuanto mas al sur mejor. Enfilamos por una nueva y sorprendentemente buena carretera asfaltada que nos encontramos allí, que no aparecía en ningún plano, y llegamos al Nioro de la República de Malí en un periquete; ¡durante todo el viaje ha sido una constante eso de encontrarnos con carreteras nuevas que no aparecían en los mapas!. El cambio de vegetación avivó nuestra curiosidad y ganas de ver los nuevos poblados indígenas Negros, muy diferentes. Por el camino conocimos Goguí, justo en los limites territoriales de Mauritania y Malí. Aunque en el plano la frontera nos parecía tirada con regla y de forma arbitraria cuando llegamos allí nos dimos cuenta de que realmente a partir deGoguí las jaimas de pastores nómadas maures desaparecían para dar paso solo a poblados indígenas de Negros bambara con sus cabañas de barro de techos horizontales, sus graneros estrechos y alargados cubiertos con "boinas" de paja, las vallas de sus establos, los campos labrados con mijo, maíz o sorgo según la humedad del terreno, algunos mangos aislados, algunas gallinas y cabras. A media mañana llegamos al frondoso valle de Nioro sin ver ninguna frontera; ¡habían hecho la carretera pero no el puesto fronterizo!. Echándole una mirada panorámica al valle y teniendo en cuenta aquella circunstancia decidimos que allí, realmente, se nos había acabado el Sahara y el mundo árabe, y que ya estábamos en plena África Negra. Hilos de humo salían de las casas de barro y subían entre frondosos kapoc hacia el cielo; ¡hasta se oía la música de un tam tam de fondo!. Entramos en el pueblo y estuvimos dando unas cuantas vueltas buscando la Aduana. El carácter de los locales quedaba en evidencia; aquí es el viajero el que tiene que buscar al aduanero, y no al revés. Le encontramos al fondo de una oscura Oficina perdida al final de un pasillo de un escondido edificio colonial semi-abandonado protegido del calor entre un umbrío jardín de mangos y kapoc sin arreglar. La puerta estaba abierta y él nos recibió con una amplia sonrisa. Yo diría que allí había pocos medios pero mucha humanidad. Tranquilamente el hombre nos extendió tres estupendos documentos que nos autorizaban a la importación temporal de los tres coches. Cuando los terminó de escribir nos los releyó didácticamente, nos cobró, nos dio los recibos y nos informó de que ahora teníamos que ir a la Policía, a sellar saber como terminaría el match. Nada mas teníamos 100 kms. hasta Diema… ¡o por lo menos eso pensamos, pero la realidad nos situó sobre el centenar de kilómetros mas malos de todo el viaje, una pista impresentable llena de baches, vadeos, zanjas, barrizales y arroyos!. Además el cielo empezó a encapotarse y uno de esos inquietantes frentes de lluvias monzonicas empezó a aparecer por el horizonte, hacia el sur. ¡Yo creo que en caso de lluvia por esa terrible pista no podríamos pasar y que, como dijo Jerónimo, si llovía no nos salvábamos ni a base de cabestrante!. Estaba tan mal la cosa que vimos la posibilidad de quedarnos allí atrapados sin poder llegar a Diema o sin poder volver a Nioro. Teniendo en cuenta que esa región era reputada por ser feudo, tal vez en otros tiempos pasados pero todavía recientes, de bandidos "coupeurs des routes" no disfrutamos de una tarde tranquila. ¡No paramos ni para comer y seguimos rodando sin parar, cansados, durante toda la tarde!. Solamente al anochecer llegamos a Diema, exhaustos. Esa noche estuvo plagada de silencio, humedad y mosquitos. Los cinco pensábamos sin decirlo que tal vez la famosa "época de lluvias" subsahariana fuera mas seria de lo inicialmente calculado...

en la antigua pista de Nioro a Didjeni.

dia 9 de agosto, 2004.

Esta vez el día no amaneció luminoso y alegre como en el desierto sino gris, encapotado, húmedo y con una leve niebla blanca flotando sobre la sabana. ¡Pero fue solo el amanecer!; entramos en la "pista general" que bajaba desde la frontera con la República de Senegal hasta Bamako, la capital, que era grande, alta y ancha, y empezamos a rodar relajándonos al ver que las cosas cambiaban. El trafico de camiones había convertido el firme en un queso gruyere lleno de agujeros pero marchando despacito no teníamos temor a que nada pudiera impedirnos llegar a Bamako hoy. En cuanto nos pusimos a rodar el sol se levantó espantando la niebla y el cielo pasó del gris al azul. Hicimos varios altos en grandes poblados Negros y les hicimos una fotos a unos pastores peul sarakole. Ellos quedaron tan encantados como nosotros con el encuentro y, llenas de curiosidad, unas mujeres que traían leche y mantequilla en calabazas sobre las cabezas se interesaron por ver las tetas de Teresa. Ella se las enseño mientras las pedía que la regalaran uno de aquellos collares de piedras de ámbar que llevaban, impresionantes y bellísimos, antiguos. La pista varió a partir de Diema y así llegamos, muy despacio, tranquilamente, hasta Didjeni, primero, y Kolokaní después. Gracias a Dios allí nos volvimos a encontrar otra de esas sorprendentes carreteras asfaltadas africanas que no aparecen en ningún plano y finalmente llegamos a Bamako a medio día. Como prometido, nos fuimos directamente a celebrarlo a la mundana terraza del "Relax", uno de aquellos primeros bares "de Blancos" de la capital, de los años 80, a los que solían ir los cooperantes, los expatriados, los militares y diplomáticos, las prostitutas... Allí estaba la cerveza mas fría, las pizzas, las hamburguesas, los café expréss con tarta de manzana y todas esas cosas de Blancos que los locales no consumían.
Durante la comida yo propuse, y todo el mundo estuvo de acuerdo, dejar la visita a la capital, aquella ciudad metida en modernidades, para el ultimo día y continuar hoy directamente hacia el interior. La verdad es que fue fácil convencerles. Todo el mundo estaba expectante y con ganas de visitar aquellos poblados indígenas Negros que ya se nos habían empezado a anunciar hoy en las colinas que dominaban Bamako por el norte, en el camino de llegada. Así que, temprano por la tarde, salimos rumbo a Segou, a 250 kms. de carretera asfaltada recta y con poco trafico de coches pero muchos carros, animales y gente cruzando sobre todo cuando pasábamos por alguno de los poblados indígenas bambara. Al anochecer el paseo por el antiguo barrio colonial con sus caserones y las riveras del río Níger fue memorable. Nos alojamos en el pequeño htl.2*”L Auberge” y cenamos en la terraza charlando con Raimond, en jefe. Cuando Raimond llegó a Segou en el año 1985 venia directamente del convulso Líbano de la guerra civil y ni siquiera hablaba francés pero tubo los huevos suficientes como para llegar completamente solo y sin medios, alquilar una guarrada de restaurante local donde se asaba carne de cordero en pleno salón con hogueras de leña, limpiarlo todo, adecentarlo, modernizarlo, ampliarlo con media docena de habitaciones de paso climatizadas y limpias, y currárselo durante veinte años hasta conseguir tener uno de los Hotel-Restaurante mas agradables del país, una especie de "hotel con encanto" de los de aquí. Nos contó que en Malí, aunque pareciera lo contrario a simple vista, cada vez había mas pobreza en vez de progreso. Él lo achacaba a la crecida galopante de la población y a la falta de una explotación local de los muchos recursos nacionales, acaparados por multinacionales extranjeras que no dejaban nada allí si no fueran unos miserables salarios y unas condiciones de trabajo draconianas. También nos dijo que ahora, en contra de lo que pasaba en los 80, cuando la riqueza local estaba en mano de las grandes familias bambara, el dinero solo lo tenían los jóvenes funcionarios corruptos de la nueva "democracia africana" mas fundada sobre el clientelismo que sobre cuestiones extranjeras como "libertad", "igualdad" o "fraternidad". ¡Los franceses no habían dejado de eso allí...!. Algunos compañeros se fueron a dar un paseo nocturno al barrio Negro, donde las calles sin asfalto ni alumbrado publico estaban muy animadas, con la gente sentada en tumbonas en la calle a las puertas de sus destartaladas casas unifamiliares. En los jardines guardaban corderos y alguna señora mayor cocinaba usando un pequeño fogón de carbón que inundaban la calle de olor a humo.

en un pueblo Bambara en la carretera de Bamako a Segou, Malí.

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