TRANSAHARA. RAID & AFRICA

dia 10 de agosto, 2004.

Después del café y el pan con mantequilla y mermelada, con zumo de naranja, por la mañana muy temprano salimos rumbo sur. A media mañana llegamos al río Bani, frente al pueblo de Djenne, que se levantaba sobre un islote fluvial en el delta que hacia al desembocar en el Níger. Al fondo, en el horizonte, a unos tres o cuatro kilómetros se veían las puntas del minarete de la mezquita de barro y sus grandes casas del mas puro estilo sudanés, todo de adobe con las formas redondeadas y los ángulos suavizados por las sucesivas remozadas de barro que les iban dando después de cada época de lluvias, cada año. Tardamos una hora en cruzar el río en barcaza y cuando entramos en la pequeña ciudad ya era medio día. Fuimos al htl.2*"Campement-Hotel" y nos instalamos. El lugar era muy bonito pero extremadamente sencillo, prácticamente un camping porque las habitaciones no tenían ni aire acondicionado y los servicios, con las duchas, eran comunes y en un edificio adjunto. “Pasar” de dormir allí y continuar hasta Mopti, donde había un buen alojamiento, supondría facilitar las cosas del dormir pero perderse el inigualable espectáculo de esta ciudad al anochecer, y su mundo intrínsicamente africano, cien por cien sudanés. Todo un espectáculo que hoy, y solo hoy, podríamos disfrutar; ¡una pena el perdérselo!.
Por la tarde visitamos la ciudad en compañía de un chico de allí llamado Tapó; las antiguas escuelas coránicas dentro de las cuales todavía se veía a los niños aprenderse de memoria el Coran, la única enseñanza primaria que recibían hasta los 14 años, las casas de barro por dentro con todo su mobiliario fabricado del mismo material que las paredes, el pequeño mercado local donde se vendía pescado ahumado, sumbalá maloliente, aceite de palmera rojo, cubitos Magi, algo de tomate o pimiento, los constructores de pinazas, piraguas de madera cosidas con cuerdas vegetales que ellos usaban para moverse por aquellos pantanos empujándose con largas pértigas, etcétera. Yo había conocido a Tapó hace muchos años, cuando todavía iba a la escuela coránica. Solía venir por el "campement" a ver a los Blancos. Así aprendió a hablar francés, que no en la escuela, y a desenvolverse en la vida con la única ocupación moderna que la incipiente industria del turismo le permitió; trabajar de pequeño guía local, primero, y de autentico guía profesional después, a base de mucho currárselo. Yo siempre le escogía de "guía local" y le pagaba 1.500 francos CFA., 2 euros con treinta céntimos por un día entero de trabajo, la mas alta de las tarifas locales. No podía pagarle mas para no molestar en ese mundillo suyo local; eso pasaba siempre por allí: Yo no podía "romper el mercado" ni sacar los pies de los tiestos habituales. Por la noche fuimos casi todos los compañeros los que nos decidimos a subir a la terraza del edificio principal del “campement” para dormir al fresco, porque en las habitaciones hacia mucho calor y había mosquitos.

en la terraza del Campement-Hotel de Djenne, Malí.

dia 11 de agosto, 2004.

Muy temprano por la mañana salimos de Djenne regresando a la barcaza y volviendo a la carretera general asfaltada. Sin embargo no por mucho tiempo; en Hamdalaye, a 20 kms., preferimos volver a meternos por las pistas del interior del delta para visitar alguna otra de esas exóticas islas fluviales sobre las que se levantaban poblados de pescadores bozo o pastores peuls que parecían sacados de épocas bíblicas. Todo fue perfecto y a medio día llegamos a Mopti a la antigua, es decir por los viejos senderos de las riveras del río Bani, encontrando en primer lugar las casas mas antiguas, de los siglos XIV y XV, en vez de entrar por la carretera asfaltada de mas reciente construcción, unos veinte años, y que va directamente al barrio "moderno" o colonial. La ciudad era mas grande que Djenne pero igual de medieval, con todas las casas construidas a mano hechas de barro y palos, las calles sin asfaltar y las acequias abiertas al aire libre. Se alargaba sobre tres islotes fluviales justo donde desembocaba el Bani en el Níger en "época seca", cuando los inmensos cauces de ahora, "época de lluvias", se tornaban dos hilos de aguas recalentados por el sol y casi estancados. Cuando llegamos al final de la única calle asfaltada nos topamos con el puerto fluvial inundado de sol, bochornoso calor y una muchedumbre multicolor de pescadores, comerciantes o transportistas pululando entre el agua y las pinazas de madera. Tomamos aire y abandonando la sombra de los coches nos lanzamos a atravesar la dársena; bajamos hasta el agua, montamos en una de las pinazas que cruzaban a los viandantes de un lado al otro, sonreímos cuando el viejo barquero me reconoció saludándome en lengua bambara mientras empujaba con la pértiga, "Antonioooo, Antonioooo", llegamos a la terraza del bar "Bozo", desembarcamos, subimos la ribera, entramos a la sombra y cogimos sitio relajándonos. Las vistas eran muy atractivas desde allí; detrás circulaban los ríos Níger y Bani confluyendo tranquilamente sus aguas de dos colores diferentes con un fondo de horizonte gris levemente sombreado por algunos raros eucaliptos mientras que delante teníamos el pueblo con el puerto fluvial y sus casas de barro de varias alturas, el todo aderezado por una muchedumbre de gente por todas partes, tierra y río, y una brisa muy agradable. ¡Magnifico!. Además comimos como Dioses un arroz senegalés muy sabroso.
Por la tarde había que salir de allí, esafortunadamente, y marcharse a la falla de Bandiagara. Nos dijimos que, una cosa por otra, tampoco teníamos tanto que perder y nos pusimos en marcha con ganas tras llenar los depósitos de gasolina y comprar tres cajas de agua mineral. ¡Una vez mas volvimos a encontrar otra de esas nuevas carreteras que no salía en ningún plano y que nos acercó a Bandiagara, a 60 kms., en un suspiro!. Luego nos metimos por una pista pequeña, estrecha y revirada pero fácil que, con paciencia y unos 40 kms. nos acerco hasta la famosa falla de Bandiagara. Al anochecer llegamos a Sanga, un típico poblado indígena dogon, y nos fuimos a descansar al htl.1*”La Guina”, también muy sencillo, como el de la noche anterior en Djenne. ¡Pero, a cambio, el paseo que nos dimos luego por el pueblo a la luz de la luna fueron otro de aquellos momentos que guardo con nostalgia!. Puedo decir lo mismo, ya que la idea fue mía; evitar dormir hoy aquí nos impediría pasar nuestra única noche en un autentico poblado indígena Negro. Eso había que vivirlo y, desde luego, yo fui el primero que se lanzó por la noche, después de cenar, muy tarde, a pasear entre las casas de barro, sus estrechos callejones y plazoletas recoletas. La experiencia valió la pena y sirvió para conocer “Sanga la nuit”, África autentica por la noche; hogueras en los patios de las casas, las chicas y chicos “ligando” por allí, los niños jugando juegos tradicionales, con cantos y bailes, o juegos de saltos a cuerdas, los abuelos charlando en las puertas de las casas familiares…

toguna o casa de las palabras de Banani, pueblo Dogon de Malí.

dia 12 de agosto, 2004.

Esta decimotercera etapa de de viaje yo diría que fue la mas interesante de todo este viaje. Amaneció con un resplandeciente cielo muy azul limpio de "harmatan" por la lluvia nocturna y con el sol reverberando sobre la sabana mojada. La temperatura era ideal. Unos compañeros querían ir andando a la falla y hacer lo que el guía local nos dijo que era “le grand tour”, bajar a Ireli y subir por Banani, pero la perspectiva de que los otros “pudieran ver mas” bajando con los coches y alejándose por la llanura hasta la misión católica de Barapireli les hizo cambiar de idea. Arrancamos y legamos perpendicularmente a un impresionante cortado del terreno, aquí mas rocoso que lo visto en la meseta, que se perdía de vista a derechas e izquierdas. La misma pista nos acercó hasta su vértice superior, nos descubrió el inmenso panorama que se divisaba hacia el sur, una llanura verde que se extendía hasta perderse provocativa detrás del horizonte, y nos enseño un pequeño sendero empinadísimo para bajar al valle. Cuando estábamos bajando, a media altura, un todo-terreno Nissan Patrol de unos dogon de allí nos alcanzó y se empeño en adelantarnos. Había precipicio por todos lados pero él hacia sonar la bocina sin parar. Por fin encontramos un hueco y nos pasó pero fue para detenerse delante y explicarnos que él, un chico joven y simpático pero demasiado excitado con la perspectiva de hacer negocios con nosotros, tenia un "campement", un pequeño albergue local situado justa debajo de la falla, en el poblado dogon de Banani con las mejores vistas de la falla, de ibi y de Gogoli, otros dos poblados colgados literalmente del precipicio. Le dijimos que "tirara pa'lante" y que ya le veríamos abajo, y desapareció por la cuesta con desparpajo. Desafortunadamente para él nuestros planes eran otros, y cuando llegamos abajo pasamos delante de su puerta haciendo sonar nuestras bocinas. Lo que queríamos era situarnos debajo de la falla pero a una cierta distancia, en el llano, uno o dos kilómetros hacia el sur para evitar los “ejecutivos agresivos” del turismo dogon que vivían allí, tales como el amigo del Nissan Patrol. Nos alejamos, subimos unas dunas que había enfrente y plantamos nuestro campamento con vistas panorámicas sobre la falla, los poblados dogon y un valle inundado de agua que caía perpendicularmente hasta la falla pasando por nuestra izquierda. Desde allí podíamos pasear por la falla.

mezquita de Nomblosougou, territorio Dogon, Malí.

A medio día rodamos hacia el sur unos 20 kms. por unos coquetos senderos entre campos de maíz pasamos delante de Boromó y llegamos a Nomblosogou, el poblado indígena africano mas bonito que yo he visto en mis veinte años viajando por allí. La gente no era pobre; era sencilla, modesta, agradable y digna. Yo creo que allí vivían bien, francamente, en un sentido amplio de la palabra. Visitamos a los viejos jefes que estaban sentados a la sombra del "togu-na", la "casa de la palabra", una marquesina hecha con madera cuyas columnas tenían labradas representaciones alegóricas como la maternidad mediante una mujer embarazada, o la sabiduría mediante una serpiente, animal que ellos consideraban el amuleto de la inteligencia. Ellos nos dieron autorización para pasear por entre sus casas tranquilamente tirando fotos y nosotros les invitamos a masticar cola, una nuez local que utilizan a forma de tabaco, y a carne para la cena entregándoles 5.000 francos CFA., unos 8 euros para todos, una docena de viejos. Nos gustó tanto la visita que insistimos rodando otros 6 kms. mas allá para ver otro poblado. Tuvimos suerte porque caímos en Barapireli y había una pequeña Misión Católica en donde cinco monjas cuidaban de un dispensario y una pequeña escuela con tres monjas Negras de Burkina Faso. Noté un detalle; mientras las misioneras Blancas solían dar sencillas lecciones de planificación familiar a las mujeres mediante discretas reuniones estas monjas Negras utilizaban otros métodos y habían plantado frente a la puerta de la misión un enorme fetiche de madera representando a una mujer embarazada con un niño en brazos. Lo tenían bien cubierto de sangre de pollo, plumas y trozos de huevo y frutas, señal de que le hacían frecuentes ofrendas. Yo las pregunté quien había puesto eso allí, frente a una Misión Católica, y ellas me dijeron que habían sido ellas mismas y que era su sistema para hacerse entender con los dogon para convencer a mujeres y hombres de abandonar las viejas costumbres de proselitismo y ablación genital: ¡Hay que ir aprendiendo...!. De allí volvimos a arrancar los coches y regresamos a la falla de Bandiagara, que siempre se había estado viendo en el horizonte, evitando volver a subirla por el empinado sendero de ayer y enfilando hacia la izquierda con animo de caer sobre Douru, donde las monjas nos dijeron que había otra grieta para ir arriba. Nos lo pasamos fenomenalmente bien circulando por pequeños senderos de arena suaves y ondulados que pasaban por la sabana entre campos de mijo, maíz y sorgo encontrando de vez en cuando algunos bonitos poblados. En uno de ellos, Koporokonie-Po, tocaba día de mercado, en los dogon una vez cada cinco días de su semana, y nos detuvimos para pasear y comprar algo. Todo era mercancía local; yo compré una lámpara de petróleo "Made in China", una mierda, pero Susana le compró el anillo de bronce que llevaba puesto en el dedo un vendedor de cuerdas; ¡hay que ver lo que son las mujeres, como se saben eso de los mercados...!. Seguimos ruta por aquellos campos y llegados a Dourou vimos efectivamente la grieta abierta en la pared de unos cien metros de altura. Sin embargo no parecía fácil porque a sus pies, entre nosotros y ella, había unas empinadas dunas de arena que el viento había depositado allí al luchar contra la falla. Cogimos carrerilla, nos lanzamos a por ellas rodando a unos 80 kms. por hora y los coches fueron subiendo, subiendo, subiendo... y perdiendo, perdiendo, perdiendo velocidad y fuerza hasta que, cuando parecía que no íbamos a lograrlo, conseguimos alcazar las primeras piedras y rocas de la falda del altísimo muro. ¡Biennnnn!. Aprovechamos la sombra del lugar para detenernos a estirar las piernas y entonces vimos llegar por nuestro mismo camino, aquel que tanto nos había costado, un pedazo de Negro inmenso, poderoso, armado con un fusil de caza y pedaleando una vieja bicicleta. Llegó sudando pero con una sonrisa enorme y nos dio la mano uno a uno diciendo que nos había visto y nos venia siguiendo desde el llano; ¡menuda carrera se había pegado pedaleando la bici detrás de nuestros coches cuesta arriba!. había que ver al tío, todo un prodigio de la naturaleza, fuerte como un toro. Nos enseño el fusil y nos dijo que lo fabricaba un herrero de Douru; el cañón era un palier de coche vaciado por dentro... Por la tarde regresamos a Sanga, a nuestro sencillo pero muy bonito hotel “La Guina”, un típico “campement” local, lo que podríamos llamar un “hotel rural” de por allí. Hoy nos gustó mas que ayer; uno se acostumbra a todo en los viajes.

falla de Bandiagara, Malí.

dia 13 de agosto, 2004.

Durante el desayuno hubo que enfrentarse a la dura realidad: Aunque Carlos y su mujer, Susana, el "Guey" Ernesto y otros compañeros tenían mas tiempo, para la mayoría las vacaciones se acababan allí y debían volverse a casa volando desde Bamako dos días después, el domingo. Por parte de Jerónimo y yo mismo, debíamos estar trabajando en España el 21 de agosto. Allí tocaba empezar el regreso. Por la mañana nos volvimos hasta San recorriendo los 40 kms. de pista mala hasta Bandiagara y los 60 de carretera hasta Sevare, mas otros 200 kms. de carretera buena, rápida y fácil. Mientras nos preparaban unos huevos con guisantes y cebolla en el “campement” local unos aprovecharon para comprar artesanía en los chiringuitos de la puerta y otros se fueron a dar un paseo a la plaza del pueblo y a la mezquita. Por la tarde recorrimos otros 200 kms. y llegamos a Segou. Hubo tiempo para hacer alguna parada y tomárselo con tranquilidad.

mujer peul Ful Fulbé, Segou, Malí.

dia 14 de agosto, 2004.

Por la mañana llegamos a Bamako y la cosa se lió un poco; lo que debía ser una jornada tranquila de visitas, preparación de equipajes, ultimas fotos y compras, con comilona de despedida incluida, se me convirtió en una mala pasada. En el atasco que había a la entrada, para cruzar el puente que atravesaba el rió Níger, y cuando los compañeros ya iban por delante camino del htl.4*”Grand Hotel”, nuestro alojamiento para hoy, mi coche empezó a dar tirones. Le sonaba un ruido muy raro en la parte delantera. Quinientos metros mas allá terminó por enganchar las ruedas quedando bloqueado todo el puente delantero con un brusco frenazo. ¡Menos mal que iba rodando despacio!. Cogí el móvil para llamar a los colegas pero, ¡que casualidad!, estaba sin batería y no encontraba el cargador. En el atasco los coches de detrás empezaron a impacientarse y a tocar el claxon; "Quítate de ahí, Blanco, no sean "gnomogo-deni", me decía el de atrás, lo que se podría traducirse por "...no seas mierdecilla". "Una expresión muy usada", me dije... Me bajé, les dije que pasaran y saqué el triángulo rojo colocándolo detrás. Entonces empezaron a acercarse curiosos que estaban esperando en una parada de autobús, unos motoristas que pasaban en "mobylette", unos campesinos ciclistas, unos niños descalzos y semidesnudos rebozados en polvo que cazaban lagartijas, mujeres que cargaban cosas en la cabeza, unos viejos... ¡una muchedumbre que quería ver "lo que le pasaba al Blanco"!. Los coche que venían detrás pasaban despacio porque también me miraban con curiosidad así que se formó un largo atasco con todo el mundo tocando el claxon. Finalmente llegó un policía sudando en su "mobylette";
  - "Saca el coche de ahí", me echó la bronca.
  - "No puede rodar, se han bloqueado las ruedas delanteras", le respondí.
  - "Pues tengo que llamar a la grúa porque estas haciendo un atasco", me sorprendí al escuchar. Nunca pensé que los municipales de Bamako tuvieran grúas. La llamó con un "walky-talky" y me previno para que recogiera el triángulo de seguridad.
  - "Si no quieres que te lo roben ponlo encima del techo, donde puedas verlo".
Al poco tiempo vi aparecer una sorprendente grúa municipal, con sirena y todo. Me enganchó el coche por delante y lo levantó en un periquete. El chofer se llamaba Dogo y me dijo que subiera porque nos íbamos al Deposito Municipal. Me subí bien calladito encomendándome a todos los santos, arrancamos y salimos a toda velocidad. Dogo me informó de que el "Servicio Oficial" Mercedes-Benz estaba en el barrio de Faladié, y yo le pregunté si me podía llevar allí directamente, pero me respondió que el servicio de grúa municipal era gratuito para los coches averiados pero que debía llevarlo al Deposito. Entonces le propuse llevarme a Faladié pagando yo el servicio, desde luego. Se lo pensó, me dijo que "eso costaría 15.000 francos CFA. por lo menos", unos 30 euros, mucho dinero en África, y al aceptarle yo el precio dibujó una gran sonrisa, dio un volantazo y salió pitando hacia el este, nuevo rumbo. Por la radio le estaban llamando para otro servicio pero la apagó tranquilamente. El garaje "Mercedes-Benz" no estaba mal, relativamente. Había un alemán al mando y una numerosa tropa de mecánicos sucios de grasa desde los pies hasta las cejas. Miraron las ruedas delanteras, las desmontaron, miraron los palieres y el diferencial quitando la plancha de protección que yo había soldado en Tan Tan, y me explicaron que había roto la tapa del diferencial, había perdido el aceite, había seguido rodando sin darme cuenta, se habían bloqueado los piñones y se había roto el palier delantero derecho. Allí no había repuestos para mi "4MATIC", un coche un poco raro hasta en España.
  - "¿Tenéis alguna solución, aunque sea provisional, para permitirme volver a España?".
  - "Podemos quitar la transmisión delantera y dejarlo solo con la tracción trasera, como cualquier Mercedes 4x2".
Me conformé pensando que así, por lo menos, podría seguir. Pero era muy tarde y la reparación no podría ser hasta mañana. Los compañeros ya habían llegado y me animaron, decidiendo entre todos ir al hotel y volver al día siguiente. La noche seria larga. Para unos, porque se fueron al aeropuerto a embarcar en el vuelo de regreso a España. Pasarían la noche a bordo. Para otros, porque era “samedi soir” y había que conocer también “Bamako la-nuit”. Cuando llegamos a la terraza del "Relax" para cenar dos españoles catalanes que había por allí nos vieron y se presentaron diciendo que eran trabajadores de una Empresa española que construía una nueva carretera desde Bamako hasta la frontera con Senegal directamente, de esas que aparecían en África por sorpresa. Cuando les contamos que habíamos venido desde la frontera mauritana y que mañana pensábamos volver por allí se llevaron las manos a la cabeza diciéndonos que estábamos locos;
  - "¡Aquella frontera está infestada de ladrones que asaltan a los viajeros!", dijeron.
Pero estaban mal informados y ni siquiera sabían que ahora ya estaba asfaltada. Creo que tampoco estaban muy al corriente de la situación real de la seguridad. Nosotros les dijimos que en la Comisaría de Policía de Nioro nos habían tranquilizado diciendo que los antiguos "coupeurs des routes", los bandidos que robaban a los viajeros en la frontera, habían desaparecido con la llegada del asfalto, y que la nueva carretera permitía una acción rápida de las Fuerzas del Orden que ya habia traido la ley a la zona. Luego llegó a la terraza una vieja conocida mía, Niuma, una chica madurita, una antigua belleza Negra. Trabajaba en Madrid desde hace mas de veinte años en una peluquería africana que tenia cerca de la Gran Vía, pero ahora estaba de vacaciones en su tierra, Bamako. Nos dimos unos besos y nos invitó a su casa a tomar algo. Nos fuimos para allá con curiosidad pero resultó que tenia un chalet "de Blancos" . Tomamos unas cervezas planeando lo que íbamos a hacer en "Bamako la-nuit". Nos llevó a la discoteca "Galaxie" y quedamos un poco decepcionados; aunque era viernes el ambiente estaba un poco apagado y allí solo había bailando unas pocas chicas con pinta de ser prostitutas y unos chicos durmiendo sobre las butacas. Niuma nos explicó que "es un poco pronto" a pesar de ser mas de media noche, y que "el ambiente empieza a partir de las tres de la mañana. La noche de Bamako empieza tarde...". Decidimos ir a ver otra Discoteca, "Le Paradis". El taxi traqueteaba y se movía sobre el asfalto imitando el contoneo de las Negras bailando el "coupé-decalé", el baile de moda llegado directamente desde Costa de Marfil, país faro en lo que a modas africanas se refería. Debía llevar las ruedas flojas. Pasamos delante de unos chiringuitos africanos muy animados. El chofer nos explicó que "los chicos cenan antes de ir a las fiestas". Unas largas mesas con banquetas sobre las aceradas ofrecían las especialidades locales a la luz de lámparas de petróleo; attiáke, gñam cocido, agutí, carne de roedor salvaje, kedjenú, pollo de Guinea en salsa, pollo a la brasa... Las "mamas" preparaban el menú único en fogatas de leña encendidas allí mismo, sobre las aceras, y lo ofrecían a "precios populares"; un gran plato de agutí con arroz costaba doscientos francos CFA., unos treinta céntimos de euro. Cuando llegamos a "Le Paradis" eran las dos de la mañana y la cosa ya estaba mas animada. La música que sonaba también era "Costa de Marfil fashion"; Soum Bill, Pat Sacko, Joel C, NCM... Era una música con mucho ritmo entre hit-hop y étnica aunque a veces la cadencia disminuía, las luces se hacían tenues y sonaban cosas mas "soft" de Les Garajistas y DJ Jacob. Volvimos al hotel de madrugada.

rotura en Bamako, Malí. ( 1 )

rotura en Bamako, Malí. ( 2 )

rotura en Bamako, Malí.( 3 )

dia 15 de agosto, 2004.

El sábado 14 de agosto, decimoquinta etapa del viaje, el único que se levantó temprano fui yo. Estaba preocupado con mi coche. Me cogí un taxi y me marché a Faladié, al garaje Mercedes-Benz, donde estaban trabajando desde las 09.00 h. Para poder colocar el rodamiento de la rueda delantera derecha hubo que cortar el palier roto con una sierra radial... ¡y luego hacer lo mismo con el otro, el que no estaba roto, el bueno!; ¡un autentico destrozo teniendo en cuenta que uno nuevo costaba 1.200 euros...!. Al montar todo y poner el coche en el suelo me subí, arranque para probarlo y... ¡aquello no funcionaba!; el motor giraba y yo engranaba la primera velocidad, ¡pero el coche no se movía del sitio!; ¡valientes "mecánicos", tanto el alemán como los locales, que no tenían ni puta idea de cómo funcionaba la mecánica 4x4 de mi fabuloso Mercedes "4MATIC"!. Volvieron a subirlo al elevador, volvieron a mirarlo, volvieron a tocarlo, volvieron a bajarlo y... ¡mismo resultado!. ¡El coche no funcionaba sin la transmisión delantera!. Así estuvieron toda la mañana, conmigo mirándoles desesperado temiéndome lo peor, ahora que ya habían cortado con la sierra radial lo que quedaba del palier roto, bajando, probando y volviendo a subir el coche... Hasta que llegó Carlos a medio día: Estudió la jugada, cogió el "Libro de Instrucciones", pagina 21, "Sistema 4MATIC", abrió el capot, encontró un interruptor, lo cambió de posición y... ¡arreglado!. ¡había conseguido bloquear el diferencial central y dejar funcionando el coche en tracción 4x2, solo con la tracción trasera!, ¡Cojonudo, fabuloso, estupendo!. Estaba salvado. No le di un beso porque había mucha gente allí mirando. Arrancamos, fuimos al hotel a buscar a los colegas, que estaban comiendo en la terraza del "Relax", naturalmente, tomamos algo y salimos alegremente de nuevo hacia el norte, a ver hasta donde llegábamos esa tarde.

rotura en Bamako, Malí.( 3 )

Regresando a casa

El relato de la caravana de regreso prefiero ahorrároslo. Hubo de todo; buena y mala suerte. Tuvimos momentos idílicos, como la noche pasada en las dunas junto al Barbas, y malos tragos como una avería que obligó a repatriar un coche de uno de los compañeros en grúa. ¡Pero el objetivo se cumplió!: ¡Fueron unas vacaciones magnificas!. El vigésimo tercer día, domingo, llegamos a Algeciras. Era un poco tarde porque al día siguiente, lunes, debía estar trabajando a las nueve de la mañana pero, como le dije al jefe, ¡Mas vale tarde que nunca... "mon amí".!.

FIN

Boromo, poblado de la llanura dogon

 

TRANSAHARA: RAID & AFRICA

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