TRANSAHARA. RAID & AFRICA

 

IVª  CARAVANA   TRANSAHARIANA  DE  AGOSTO  2006:
dos semanas por MARRUECOS, MAURITANIA y MALI.

 

No todas las caravanas transaharianas fueron siempre iguales; ¡mas bien, nunca hubo dos parecidas, aunque hicieran la misma ruta...!. Por ejemplo, la del pasado mes de agosto 2006; yo no la pude disfrutar correctamente. Hubo varias razones, la mas importante de las cuales fue no poder viajar con mi propio coche, que me dejó tirado en Madrid antes de salir, incluso. El garaje “Morluc”, de la calle Cartagena, no fue capaz de ponerlo en estado de marcha durante las cinco semanas que lo tuvieron en sus manos…; ¡si eso hubiera pasado en África…!. Y después, estando en Mauritania, el coche de mi amigo Pedro Lozano, en el que me había acomodado, se rompió conduciéndolo yo en el cabo Tafarit, dentro del Parque Nacional del Banco de Arguin, en Mauritania. ¡Desastre total!; tuvimos que malvenderlo en Nouakchott y darnos la vuelta de regreso a casa sin, siquiera, llegar a la Republica de Malí. Hace años, una vez, y debido a una mala experiencia parecida tomé la decisión de no volver a viajar con coches de mas de tres mil euros. Desde entonces siempre he cumplido con mi promesa y no me he tenido que arrepentir. ¡Pues a partir de ahora me tomo yo mismo solemnemente la auto-promesa de no volver a viajar a África sin dos coches!; me refiero a dos míos, conduciéndolos yo y algún amigo, naturalmente.

saliendo desde Jerez, ESpaña

Como previsto, como de costumbre, aquella caravana fue formándose poco a poco, progresivamente, mientras atravesábamos Marruecos durante los primeros días de agosto de 2006. Al principio, en Algeciras, nos reunimos seis vehículos; los Mitsubishi chasis corto de Miguel Ángel y Pablo, Javier con otro Mitsubishi pero furgoneta “Spacegear”, Pedro y su “Discovery I”, Don Vicente con su magnifico Toyota “LC” y nosotros, con la pic-up “L-200” de Martín en la que amablemente me permitió acomodarme en un principio, arrastrando el remolque de un “quad” 500 cc. precioso. La cosa no era hacer turismo, para eso no habíamos formado aquella caravana, sino marchar todos juntos hasta el lejano valle del río Níger, en la Republica de Malí, al otro lado del desierto del Sahara, ayudándonos si alguno tuviera problemas e informándonos entre todos. Sin embargo, desde el principio las paradas, paseos por las “cashbas” y mercados se sucedieron: En Tetuán entramos a tomar un té frondosamente repleto de menta en la típica terraza de un café de su medina, clasificada por la UNESCO como “Patrimonio de la Humanidad”. Me hubiera gustado ir hasta el “souk” de El Host, donde la cerámica, pero esta no era la ocasión… Seguimos hasta Larache y allí si pude ir descubriendo en cada esquina de su medina, entre abigarradas callejuelas, casi túneles umbríos y frescos, recoletos rincones y recovecos, recuerdos de la vieja presencia española. En Marrakech deberíamos haber podido disfrutar mas de la fabulosa plaza de Jma el Fnac, pero me parece que para eso hubiera sido mejor el atardecer y la noche que aquel caluroso mediodía de agosto que nos tocó. Allí, de lo que sí guardo buen recuerdo es de la comida en “Chez Alí”, en un comedor de techos altos, vitrados, arabescos en las columnas y dejado ambiente entre musulmán y colonial francés. De El Ayoum, la antigua capital de la provincia colonial española del Sahara Occidental, no puedo decir que disfrutáramos de otra cosa que no fuera una noche de descanso; la ciudad era nueva, artificial, todo recién pintado de rojo, y pareciera una urbanización periférica levantada en los arrabales de un centro urbano que no existía. Como “casco anticuo” solo se podrían definir a los antiguos cuarteles que dejó el Ejercito español en las riveras del “oued”, o "sebkia", El Hamra, lonjas de una planta sobrias, con pequeños ventanucos y terrazas por techados, militarmente uniformes, que parecieran haber sido fabricadas para lo efímero de una milicia pero que aguantaban desde hace ya mas de medio siglo. Alojados en el hotel “Parador”, el antiguo Parador Nacional inaugurado por Fraga en los años 70, cuando ya era Ministro de Turismo con el general Franco, nos encontramos con otros tres nuevos vehículos que venían para unirse a nuestra caravana; los Mitsibishi cortos de Goyo y Juan viajando con toda la familia, niños incluidos, y el coche Mercedes 300 SEL de Pedro, que viajaba con su hermana y una amiga llegada de Alemania con otra chica. Otro buen recuerdo es el de la parada que hicimos en una playa que había a unos veinte kilómetros al sur del cabo Bojador: ¡Fue gloriosa!; bajamos desde la carretera un alto acantilado por un empinado camino asfaltado, aparcamos frente a la arena de unas dunas que nos impedían rodar hasta el mar, y andamos unos cincuenta metros hasta llegar al agua. Allí la playa se perdía de vista a derecha e izquierda. Solamente había algunas jaimas de nómadas saharaüis y un par de viejos barcos varados, herrumbrosos, semidevorados por el mar, que enriquecían el paisaje; ¿cómo habría sido su fin?, ¿qué seria de sus marineros?, ¿qué habrían sentido cuando la tormenta les arrastró hasta este rincón paradisíaco pero desértico del litoral sahariano?... Pablo se fue con Miguel Ángel a meter sus Mitsubishi hasta la orilla del mar saltando por encima de las dunas y Martín, el italo-argentino vecino de Jaén, disfrutó lo suyo bajando el “quad” del carrito y bailando un tango motorizado al ritmo de las olas.

Larache, Marruecos

Finalmente, la quinta jornada de ruta la caravana quedó completa en el “Café Barbas”, una gasolinera-restaurante que encontramos a ochenta kilómetros antes de la frontera mauritana, con la incorporación de los dos últimos participantes; el Toyota “HDJ 80” de Chiqui preparado para ir de carreras, y la Mitsibishi pic-up “L-200” de Juan. Yo, como “coordinador” o “guia”, la di por definitivamente completa y pasé a ver a los participantes uno por uno recaudando a cada vehiculo una tasa de doscientos euros, que era lo acordado. Y después nos fuimos al puesto de Guerguarat para cruzar la frontera.

playa de cabo Bojador

El día tres de agosto a medio día, cinco jornadas después de haber desembarcado en África, estábamos los once vehículos de la caravana haciendo los tramites para cruzar la frontera entre Marruecos y Mauritania en el puesto de Guerguarat. La Gendarmería Real tenia bastante trabajo porque se veían mas de dos docenas de vehículos haciendo lo mismo que nosotros en uno u otro sentido; había coches de turistas, furgonetas de transporte publico de viajeros, camiones pequeños de pescado... ¡Evidentemente aquello ya no era el precario “puesto de paso” que la MINURSO, la Fuerza de Interposición de la ONU, había abierto hace tres o cuatro años para el transito excepcional de los saharaüis locales…!. Ahora la vía estaba completamente asfaltada y, esa misma tarde, llegaríamos sin problemas hasta Nouadhibou. La sorpresa se veía dibujada en las caras de los compañeros que llegaban a estas latitudes por primera vez; ¡aquello no era “una ciudad” propiamente hablando, sino el amontonamiento desordenado de unas miles de familias maures y saharaüis nómadas del desierto, pescadores artesanales Serer y comerciantes Negros Wolof con sus bacerias senegalesas!. Allí la gente parecía querer entrar en la modernidad por la puerta de atrás. Seguramente vivir de repente todos juntos de aquella precaria manera, en esas casas-chavola, les traería cuenta pero nosotros no podíamos imaginar cual era. Algunos fuimos a cenar al “Hogar Canario” y otros al antiguo “Centro de Pesca Deportiva Air Afrique”, en la bahía de la Estrella, un lugar apartado de semejante caos pseudo-urbano.

hotel Centre du Peche Sportive de Nouadhibou, Mauritania

La sexta jornada de ruta era la prevista para ir hasta Nouakchott, la capital mauritana. Tuve que recordar a mis compañeros que de lo que se trataba ahora era, sencillamente, irse hasta la Republica de Malí por el camino mas fácil y rápido posible. Les repetí que la visita completa al Parque, atravesándolo a través de sus cuatrocientos kilómetros de atractivas pistas, mas los ciento setenta de playa, y los dos días que esa empresa llevaba consigo, la podrían hacer luego, al regresar. O cuando volviesen por estas latitudes en otra ocasión, con el conocimiento que iban a adquirir en esta “introducción a África” que estábamos haciendo ahora. Lo que yo había programado para nuestra caravana era, solamente, una jornada de ruta para llegar hasta Nouakchott circulando por la nueva carretera asfaltada que lo bordeaba. Sin embargo era difícil abstraerse del encanto del Parque llamándonos con múltiples trazadas introduciéndose en él por la derecha de la carretera, como canto de sirenas, cada pocos kilómetros… ¡Finalmente decidimos que lo mejor era no resistirse y, cortando todo derecho, circulando “campo a través” por un bonito “rag”, una llanura pelada cubierta por pequeños pedregales, enfilamos hacia el oeste hasta el cabo Tafarit!. Cincuenta o sesenta kilómetros mas allá vimos el promontorio dibujado en el horizonte, con su antena en lo alto. Al llegar bajamos a la playa y encontramos las jaimas del “campement”, un lugar idóneo para comer.

Al dia siguiente yo propuse a los compañeros regresar a la carretera asfaltada por el mismo camino facil de ayer pero estos, “ebrios” de esas sensaciones únicas que se disfrutaban rodando por las inmensidades del desierto durante decenas, incluso centenares de kilómetros, de aquella sensación de libertad y descubrimiento, querían mas!: ¡Querían seguir rodando hacia el sur todo lo que les fuera posible!. Yo no estaba allí para decirle a nadie lo que tenia que hacer, eso no era lo acordado, así que me limité a informarles de que, si querían llegar hoy a Nouakchott rodando por el Parque, debían salir cuanto antes rumbo sur. A unos cuarenta kilómetros encontrarían Iwik; luego, a unos setenta, llegarían a Nouamghar; y allí, regalo de África a sus esforzados aventureros, podrían enfilar por la playa para llegar hasta la mismísima Nouakchott rodando durante otros ciento setenta kilómetros por la arena lisa. Así lo hicieron todos excepto Don Vicente, que prefería la tranquilidad de una buena comida y la seguridad de continuar por la carretera. Yo, que iba en la “L-200” de Martín, le propuse a Pedro que cambiásemos los asientos; él podría disfrutar también por la pista, y yo conduciría su coche Mercedes 300 SEL de regreso por la misma trazada, y por la carretera hasta Nouakchott.

cabo Tafarit, Mauritania

Nos quedamos a comer tranquilamente dándonos un baño y, luego, recogimos poniéndonos en marcha de regreso al asfalto. ¡Pero, desafortunadamente, yo, que iba delante, me perdí saliendo de Tafarit!: Enfilé por la pista que llevaba directamente hacia el este, la del puesto de los Forestales de Achami, que tenia muchísima arena. Debía haber tirado hacia el nor-este, por donde habíamos venido. Don Vicente se dio cuenta y me lo señaló, así que paramos y nos volvimos. ¡Desgraciadamente me enganché en un arenal, y él siguió sin notarlo!. Cuando vio que no le seguía, regresó para detenerse ¡que mala suerte! a solo un centenar de metros míos. ¡¡Llegó a un tiro de piedra, no me vio, y se volvió otra vez por donde había venido para buscarme en otros lados!!. Me quedé allí solito.

las mujeres de cabo Tafarit, Mauritania

No le volvería a ver mas porque la mala suerte se cebó conmigo: Primero, desinflé demasiado las ruedas para salir del atasco y tuve que volverme varios kilómetros rodando despacio hasta Tafarit, otra vez, para re-hincharlas correctamente. ¡Y cuando volvimos a salir, recorridos unos cincuenta metros nada mas, el coche rompió una rotula del árbol de transmisión!. Parada definitiva y vuelta de regreso al “campement” de Tafarit remolcado por unos turistas que estaban allí pasando el fin de semana, de pesca. Los móviles no tenían cobertura, así que solo podiamos esperar el regreso de algún compañero... Esperamos durante toda la tarde pero, finalmente, se nos echo la noche y nos tubimos que resignar a pernoctar allí, en una de aquellas jaimas; ¡muy bien, por cierto, cenando un pescado con lentejas y cebolla que nos preparó Baba Hagmed, el cocinero del "campament"…!. No fue hasta el día siguiente, sábado, cuando pudimos contactar con los compañeros mediante el teléfono satélite “Turaya” de otros Blancos de Nouakchott que llegaron para pasar el fin de semana, también. Finalmente, después de una segunda noche en aquellas jaimas, el domingo por la mañana llegó Goyo con su Mitsibishi y Alfonso Arias, un amigo mio que se habia apuntado a la caravana viajando de pasajero en el coche de Martín desde Jaen, con un Toyota “LC” alquilado a la Agencia de Viajes “La Dune Tours”. No hubo manera de hacer ninguna chapuza, ni quisimos remolcarlo durante cincuenta kilómetros de pista y doscientos setenta de asfalto, así que finalmente decidimos dejar el Mercedes allí y marcharnos todos a Nouakchott. El martes lo mal-vendimos “a distancia” a un “compra-venta” local; el hombre se marcharía al día siguiente a recogerlo con un mecánico, herramientas y las piezas de repuesto que se necesitaba….

mercado de Nouakchott, Mauritania

Allí acababa mi viaje de agosto 2006. Tuve que comprarme un par de billetes para mi hijo Gerardo y para mi, esperar unos días y volverme en avión. El tiempo pasó deprisa en la capital mauritana. Conocí gente interesante; Molloud, un joven mauritano ex-“petit bandit” local ahora reconvertido en adulto y responsable Jefe de una nueva Agencia de Viajes, los tiempos cambian, la gente tambien; a Cristine, la jefa alemana de “Sourmi Voyages” intentando sobrevivir con mas afición que clientes; a Said, el Director del “cutre-albergue” 1* “La Dune”, una bellísima y disponible persona; a Moustapha, un viejo pescador con tres grandes pinazas de madera, dos de las cuales de inmensas dimensiones y reciente construcción para, según él mismo, “llegar hasta Canarias”… La jornada empezaba con un paseo por el mercado, las calles del centro y los ciber-cafés tras el copioso desayuno de “La Dune”. A medio día hacia mucho calor, así que nos íbamos a comer al restaurante climatizado de la pizzería “Lina” o nos invitaba alguno de nuestros nuevos amigos. Por la tarde, después de la siesta, nos íbamos a la playa a bañarnos o a pasear por el puerto de pescadores disfrutando de la llegada en tropel, desordenada y bulliciosa, siempre peligrosa, al limite del vuelco fatal, de las pinazas artesanales pintadas de colores. Una de esas tardes y de regreso a “La Dune” coincidimos con una manifestación de partidarios del Hizboulá libanes chillando eslóganes contra Israel, que acababa de invadir a sus vecinos libaneses; eran poco numerosos y no se veía Policía antidisturbios, ni problemas por ningún lado. Finalmente llegamos de regreso a Madrid el sábado 12 de agosto dando por terminadas aquellas vacaciones.

FIN

 


 


 

el grupo en la pista del Parque Arguin

PROBLEMA SURGIDO EN ESTA CARAVANA...

Hasta el 4 de agosto todo se pasó tal y como estaba previsto en el plan inicial. Pero ese viernes uno de los miembros de la caravana se quedó “tirado” con el coche roto en el “campement” de cabo Tafarit mientras todos los demás compañeros llegaban a Nouakchott, 300 kms. mas al sur, sin percibirse. El sábado 5 de agosto, a medio día pudo comunicar con los demás mediante el teléfono satélite “Turaya” de un turista que llegó para pasar el fin de semana pescando. Y cuando todo el grupo se enteró de su situación, la gente reaccionó de dos maneras diferentes; unos decidieron detenerse en Nouakchott para ayudar a solucionar el problema ( Goyo, Juan, Pedro, Alfonso y compañía ) y otros decidieron desentenderse ( Pedro, Javier, Jose Maria, Pablo, Martín, Vicente y compañia ).El domingo 6 de agosto estos segundos siguieron ruta hacia el sur…

El lunes 7 de agosto por la mañana los que se quedaron en Nouakchott para ayudar a arreglar el problema del compañero tirado estuvieron buscando un mecanico, la pieza rota y la forma de volver para arreglarlo. Y en ese momento tambien decidieron que no les merecía la pena continuar con aquella caravana en la cual mas de la mitad de los miembros habían pensado que no tenían que ayudar al compañero averiado. Allí se deshizo la caravana. Finalmente decidieron vender el coche roto a un "compra-venta" profesional local y volverse a España en avion unos, y a Marruecos tranquilamente para terminar sus vacaciones en el pais vecino los otros.

Fin del problema.

Antonio Ortega, "TRANSAHARA".
antonio @ ortega viota .com

 

la caravana en Tan Tan

 

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